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La tragedia cómica del rico y la soga del fisco

Por Estilo inspirado en Germán Dehesa · 5 de diciembre de 2025

Válgame Dios, estimados lectores, bienvenidos al primer acto de nuestro vodevil: el magnate protagonista aparece en escena, con la gracia de un Quijote moderno pero armado con un Excel y un Twitter en lugar de lanza y escudero. La cuerda fiscal se estira ante él como el hilo de un telar zapoteco, y él la estira, y la estira…

Segundo acto: en la grada, otros magnates ya pagaron y toman asiento con la calma de quien contempla la laguna de Juan Rulfo: serenos, impasibles, como si las facturas fueran versos y el fisco, solo un narrador invisible. Sus murmullos son pequeños interludios de ironía: “¿Acaso somos los tontos de la película?”

Tercer acto: nuestro héroe propone que “quiere pagar lo justo”. ¡Qué ocurrencia! Como si Hacienda fuera un tianguis de Oaxaca y él pudiera regatear hasta el último alebrije fiscal. Y, por supuesto, lanza su tuit demandando ideas para “hundir al país”, mientras el público digital aplaude con emojis y memes de sombrero y bigote.

Cuarto acto: la autoridad mantiene su postura, fría y solemne, como Sor Juana observando desde la portada de un códice: la ley es ley, y no un menú a la carta para magnates con alma de mártir mediático. Entre aplausos invisibles y la ironía mexicana, la escena se llena de silencios cómplices y sonrisas de esquina de cantina.

Quinto acto: se oyen los rumores de los otros empresarios, esos que ya cumplieron con sus deberes fiscales. Susurros que mezclan café, sonrisas y la resignación de un lector de Pedro Páramo: “Qué espectáculo tan absurdo y tan nuestro…”. Y el público, nosotros, se acomoda en la platea imaginaria, disfrutando del vodevil que mezcla circo, novela y telenovela política.

Sexto acto: el magnate principal da piruetas mediáticas, hace acrobacias jurídicas, y hasta intenta una reverencia digna de un teatro barroco. La cuerda se tensó, la ley observó, y nosotros aplaudimos y nos preguntamos si esto terminará en epifanía fiscal o en caída espectacular. Palomitas en mano, como corresponde.

Final del acto: lección aprendida (o no). Algunos pagan y duermen tranquilos; otros dan espectáculos, patalean y se enredan en la cuerda de la ley. Nosotros, espectadores y cronistas del absurdo, entendemos que en México, el teatro de los impuestos es el más divertido y el más doloroso a la vez. Como diría Dehesa: “Todo espectáculo merece un aplauso… y una factura”.

— Estilo inspirado en Germán Dehesa
(homenaje a su pluma irónica, teatral y culturalmente referenciada)