Saltos cuánticos y otras calamidades del humano promedio
I. Sufrir porque sí
Estimado lector, no se me espante: el humano sufre porque quiere. Puede que el piso esté parejito, que la gravedad haga su trabajo, y que los planetas giren obedientes, pero nosotros seguimos saltando de ansiedad en ansiedad, rompiendo cadenas de suministro y nuestras propias cabezas. Como decía Juan Gabriel, "¿para qué tanto problema?", pero seguimos inventando dramas innecesarios.
II. Lecciones de maestros verdes y héroes calvos
Si quisiera un consejo de verdad, miraría al Maestro Yoda, ese viejo de orejas grandes y paciencia infinita, o a Kalimán, el héroe latinoamericano que enseñaba a Solín que la paciencia era más poderosa que el puño. Ellos entendieron que la rapidez es amiga del caos, que la Ley Inmutable —esa que gobierna riñones, planetas y sociedades— siempre gana, y que el control mental vale más que cualquier destreza física. Pero claro, nosotros preferimos el "ya quiero, ya puedo, ya sufro".
III. Filosofía, ciencia y cultura pop
Entre filosofía oriental, física newtoniana, ingeniería alemana y la ética de la Ley Inmutable, uno pensaría que aprenderíamos a simplificar. Pero no: inventamos relojes inteligentes para medir cada segundo, redes sociales para quejarnos 24/7 y aceleradores de partículas para probar nuestra impaciencia cósmica. Querido lector, si siente que corre demasiado y tropieza sin razón, bienvenido: forma parte del club más exclusivo del mundo, el de los humanos modernos que olvidan respirar mientras corren hacia… ¿hacia dónde?
IV. Reflexión final (y consejo gratis)
La Ley Inmutable seguirá haciendo su trabajo: la gravedad seguirá actuando, los planetas girarán y los sistemas interconectados cobrarán su precio. Nosotros podemos seguir brincando como si fuéramos protagonistas de un videoclip de ciencia ficción o podemos, apenas un instante, detenernos, respirar y aprender de Yoda, de Kalimán y de la paciencia milenaria de los chinos. Ahí está la clave: dejar que la Ley haga lo suyo y dedicarnos a lo nuestro… que no es poco: conocernos a nosotros mismos y, quizá, tropezar un poquito menos.
(homenaje a su pluma irónica y crítica)