¿Qué tal durmió, señora Presidenta? O de cómo el SAT nos quita el sueño (y hasta el iris)
Lunes 29 de Diciembre de 2025
Introducción: El sueño perdido
¿Qué tal durmió, señora Presidenta? Espero que mejor que el resto de los mortales, porque entre el SAT y el celular, a los ciudadanos de a pie nos están robando no sólo el sueño, sino ya hasta el iris, que es lo último que a uno le queda para cerrar los ojos con dignidad.
La distorsión del círculo
Fíjense ustedes, mis queridos cuatro lectores —que siempre son los más inteligentes de la cuadra—, en la esquizofrénica geometría de este México 2025. El círculo ya no cuadra, ni por más que le echen saliva. Resulta que nuestra eficiente autoridad hacendaria ha decidido que cobrar impuestos se ha convertido en un deporte extremo de participación ciudadana, con público, narrador y repetición en cámara lenta. ¡Hágame usted el favor de no exagerar… aunque la exageración se quede corta!
El "Duelo al Sol" entre el SAT y Salinas Pliego
Por un lado, tenemos el “Duelo al Sol” (con música de Morricone de fondo) entre el SAT y don Ricardo Salinas Pliego. El SAT, en lugar de aplicar la vieja y eficaz doctrina de Al Capone —esa de “llegué, vi y embargué en silencio”—, ha preferido la sofisticada estrategia del abonero despechado: gritar la deuda en la plaza pública y esperar a que el deudor se apiade.
La prórroga eterna
Casi parece que no le están cobrando una deuda, sino pidiéndole un autógrafo para la colección privada de la autoridad fiscal. Mientras tanto, a nosotros, los pobres mortales, nos caen las guillotinas de los algoritmos por equivocarnos tres pesos en el Excel.
El trato al ciudadano común
Para nosotros, el SAT no guarda micrófonos ni conferencias: guarda guillotinas perfectamente afiladas por el algoritmo. Si uno se equivoca, ni se siente el error. Pero, ¡ah!, no sea usted don Juan Pérez, el de la tiendita de la esquina o el profesionista que se hace bolas con el Excel. Para él, el SAT no tiene micrófonos, tiene guillotinas.
Biometría, el precio del celular
Por si fuera poco, ahora nos dicen que, por nuestra propia seguridad, tenemos que entregar al Estado las huellas, el iris, y si se descuida uno, hasta una muestra de ADN por cortesía administrativa, para poder tener un mugre celular. ¿Cuánto más tendremos que entregar antes de que nos pidan una carta de recomendación de nuestros abuelos?
La contradicción del poder
He aquí la incongruencia nacional: al poderoso se le concede la “Máxima Publicidad”, y al ciudadano común la “Máxima Intimidad”… pero sólo para arrebatársela. Nos aseguran, con sonrisa institucional, que nuestros datos biométricos están “seguros” en manos del gobierno; una afirmación que provoca la misma tranquilidad que escuchar “no pasa nada” en un avión con humo en la cabina.
El tiro en el pie
Se están dando un tiro en el pie, señora Presidenta, y lo peor es que luego nos pedirán a los ciudadanos que paguemos la bala. ¿Sabe qué? El país ya está cansado de ver cómo el gobierno elige a quién se le aplican las leyes, según el tamaño de la billetera. Es tan claro como el agua: al fuerte se le aplican los micrófonos; al débil, las guillotinas.
Conclusión: ¿Quién gobierna realmente?
Hoy ya no alcanza el consuelo de “ánimo, que esto ya se acaba”; hoy lo que hay es una sospecha persistente de que esto apenas está empezando. ¿Quién gobierna realmente? ¿La ley o el que tiene más seguidores en X (antes Twitter)?
Reflexión final
En resumen: Mientras uno se pregunta si, por fin, alguien se atreverá a poner orden, el ciudadano común sigue esperando que el Estado no le clonen la mirada antes de que llegue el próximo recibo de luz. Y no es que uno esté pesimista, es simplemente que ya hemos visto demasiadas películas de terror con final predecible.
(homenaje a su pluma irónica y crítica)