Pero qué necesidad, doctora Claudia
Me despierto el sábado con el runrún del Zócalo en mi ventana, y una canción de Juan Gabriel se me instala en el cerebelo: "Pero qué necesidad..."
Y sí, estimados lectores, esa es la pregunta que flota en el aire de esta Ciudad de México nuestra, tan dada a los aspavientos políticos y tan renuente al pensamiento lógico. La Presidenta Sheinbaum, nuestra flamante Jefa de la Nación y líder del "Segundo Piso", decidió que era menester celebrar con bombo y platillo los siete años de la famosa Cuarta Transformación.
Se habla de 600 mil almas congregadas. Cifra redonda, ¿no? Si le restamos el acarreo consabido, los que fueron por la torta, y los que pasaban por ahí a comprar pilas, seguro nos quedamos con la mitad, pero el punto es la escenografía. Y la escenografía, diría mi amigo el filósofo, es la política misma en México.
La oposición, esa caricatura de contrapeso, anda más perdida que Adán en el Día de la Madre. Está, como bien se ha dicho, no solo contra las cuerdas, sino noqueada. Tirada. Fuera de la lona. Y es ahí donde el asunto se pone interesante, hasta metafísico si me apuran.
¿Qué necesidad tiene un poder que lo ha ganado todo de refregarle al contrario su irrelevancia con un Zócalo lleno? ¿Qué necesidad hay de usar el fin de semana para esto, cuando el cargo de Presidente, como bien sabemos, es de tiempo completo?
Mis fuentes en la grilla me susurran que es "para mostrar músculo". ¡Válgame Dios! Si el músculo ya es hipertrófico, si ganaron los 300 distritos, si tienen mayoría calificada, ¿para qué tanto gimnasio?
Aquí es donde yo veo el autogol freudiano. La 4T necesita a la oposición. La necesita muerta, sí, pero presente. La necesita como el "coco" de los niños. Cuando matas al monstruo, te quedas sin chamba, y peor: a solas contigo mismo.
Temo que al buscar la hegemonía total, al querer borrar del mapa al contrincante, están disparándose en el pie de la democracia. Un país sin contrapeso es un país al borde del autoritarismo.
Así que sí, hay necesidad. La necesidad del poder que no sabe autolimitarse, del ritual priista disfrazado de modernidad, de la imagen sobre la sustancia.
"No es percepción", dirían. Y tendrían razón. Es la realidad terca de un país que insiste en tropezar con la misma piedra, al son de Juan Gabriel.
Ahí les dejo la tarea moral del fin de semana.
Ángel de la Independencia, con dolor de muelas por tanto mitin.
(homenaje a su pluma irónica y crítica)