Pensiones, edades y el arte de adoctrinar al lector
Martes 30 de Diciembre de 2025
Introducción: Un viaje a la clase de virtud fiscal comparada
Uno abre el periódico con la sana intención de informarse y, sin previo aviso, se encuentra en medio de una clase de virtud fiscal comparada, donde el aula está decorada con banderas alemanas y sombreros de charro. En esta clase, Alemania trabaja más, se jubila después y vive tranquila, mientras México sigue atrapado en sus 65 años, como si la edad fuera un capricho de los dioses, y no el resultado de un sistema tan complejo que ni los números ni los políticos logran domar.
El truco sutil: ¿Comparación o adoctrinamiento?
El truco es sutil: se elige un país modelo, se pule su imagen hasta que brilla como espejo de perfección, se omite el contexto incómodo, y voilà: la receta moral aparece servida, como un platillo gourmet. Dos años más de trabajo en Alemania, dicen, "sostienen el sistema". Lo cierto es que ni con esos dos años se equilibran completamente los fondos ni se elimina la presión demográfica. Pero claro, ese pequeño detalle no cabe en la nota; distraería al lector de la moraleja, que, con suerte, quedará grabada en su mente como la única verdad.
El "efecto México": La ideología oculta
Mientras tanto, México queda expuesto, no por su realidad concreta, sino por la comparación ideológica: no subir la edad es sinónimo de irresponsabilidad. En lugar de analizar las complejidades del sistema de pensiones mexicano, se presentan medias verdades como lecciones completas. El periodismo, que debería ser el arte de explicar, se convierte en catecismo: no informa, sermonea, y el lector se convierte en el receptor de una moralidad preempacada.
Las cuentas de El Imparcial y su receta incompleta
Y claro, El Imparcial no se limita a Alemania. En una de sus últimas entregas, nos presenta la jubilación en España como un modelo igualmente brillante: aquellos que han cotizado lo suficiente pueden jubilarse a los 65 años con el 100% de la pensión, nos cuentan. Pero, ah, olvida mencionar que para llegar a esa meta, el trabajador debe haber cotizado más de 37 años y 6 meses, y que la pensión se calcula con el promedio de los últimos 25 años de salario. Y mientras El Imparcial omite esos detalles, en México, con una cotización de solo 5 años (es decir, mucho menos tiempo que en España), el trabajador puede acceder a una pensión basada en esos últimos años, lo cual, para quienes hayan tenido un incremento salarial reciente, puede resultar más favorable. Pero claro, explicar esto sería demasiado complicado para la receta moral que se nos ofrece con cada comparación. Y por supuesto, no podían faltar las comparaciones con Japón para completar la ráfaga incesante de contradicciones: ¿quién necesita un análisis serio cuando la ideología ya lo cubre todo?
Los medios y su receta moral
Que nadie se confunda: el objetivo no es analizar políticas, sino dar clases de virtud desde la portada. Y en ese oficio de regañar con datos incompletos, El Imparcial no está solo; otros periódicos cuelgan del mismo perchero. El lector, en cambio, no solo queda mal informado, sino que aprende algo mucho más peligroso: que la profesión periodística está más devaluada cuando se olvida de explicar y empieza a juzgar.
Reflexión final: ¿Por qué seguimos con la misma receta?
Quien se sienta aludido, que se ponga el saco. Si no le queda, tal vez sea hora de revisar la profesión, no solo en términos de cuántos 'me gusta' recibe un titular brillante o cuántas comparaciones fáciles se hacen entre países. Tal vez, solo tal vez, sea hora de recuperar lo que alguna vez fue el oficio de informar, más allá de moralizar desde las portadas.
(homenaje a su pluma irónica y crítica)