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Navidad, consumismo y el futuro incierto

Por Estilo inspirado en Germán Dehesa · 2 de diciembre de 2025

Queridos lectores,

¡Se acabó el año y otra vez nos alcanzó la Navidad! Y como si no tuviéramos suficiente caos, ahora tenemos que lidiar con los villancicos que parecen emanar del alma de todo centro comercial, las ofertas que "nos esperan" (¡y nos aprietan!) como si la vida dependiera de adquirir productos que jamás necesitaremos, y ese espíritu de consumismo que parece transformar hasta al más santo de los mortales en un experto en rebajas. No se preocupen, ya sabemos que el verdadero sentido de la Navidad no está en compartir, sino en lo que logramos "ahorrar" en el 24 de diciembre. ¡Feliz Navidad!

Este diciembre, por supuesto, nos encontramos con que el gobierno se prepara para repartir aguinaldos, bonos y demás apoyos con el mismo entusiasmo con el que los comerciantes se preparan para lanzar sus "descuentos". Las tiendas, por ejemplo, nos bombardean con descuentos del "70%": ¡cuesta menos que el pan! Y es que, claro, todos sabemos que en este país lo importante no es si realmente necesitamos un electrodoméstico más, sino *"aprovechar la oferta del siglo"*. Ni que fuera la última venta antes de una catástrofe. Y, por supuesto, el bolsillo agradece, pero no olvida.

Pero esperen, que el verdadero golpe de gracia viene con el aumento al salario mínimo de un 13% en 2026. Claro, lo único que le falta a este país es más dinero para gastar. Y mientras algunos celebran como si esto fuera el jackpot de la lotería, otros se preguntan si no es solo un pequeño parche en la enorme burbuja que podría estallar cuando el dinero ya no valga lo que valía antes. ¡Y ahí sí, ya veremos a quién va a salvar la IA y la robótica! Porque si algo nos ha enseñado la historia, es que los "avances" tecnológicos siempre llegan para reemplazar a los humanos… pero tranquilos, ¿quién necesita trabajo cuando tenemos robots que harán todo por nosotros?

Pero no todo está perdido, amigos. Como siempre, si uno de estos días tiene la osadía de abrir el sobre de su aguinaldo y siente que su tarjeta de crédito está a punto de explotar, recuerde lo siguiente: lo mejor que puede hacer con esos "bonus" navideños es guardarlos, no tirarlos en ese televisor nuevo que le prometió a su familia. Es mejor que se guarde ese dinero, que lo esconda bajo el colchón, que lo invierta en algo que no sea una "rebaño" de compras innecesarias, porque si hay algo que nos dicen estos tiempos navideños es que apretarse el cinturón es la verdadera forma de sobrevivir al fin del mundo.

En resumen, amigos, que el consumismo no nos arrastre. Que las ofertas de fin de año no sean una excusa para endeudarnos más. Y que, si bien la Navidad debería ser un momento de reflexión y generosidad, no nos olvidemos de que lo que realmente necesitamos son ahorros para los tiempos difíciles que se avecinan. No vaya a ser que, después de tanto "gastar" en lo innecesario, tengamos que ir a pedir prestado al Monte de Piedad. Y créanme, ahí no hay descuentos ni aguinaldos que valgan.

— Estilo inspirado en Germán Dehesa
(homenaje a su estilo único de crítica social)