Carta Crítica

Ironía y reflexión sobre el poder, la responsabilidad y las costumbres nacionales.

Manual para descansar a un político en Nochebuena

Martes 24 de diciembre de 2025

La noble tradición del descanso universal

Cada 24 de diciembre reaparece una idea entrañable: la de concederle descanso a todo el mundo. A los trabajadores, a las prisas, a las penas… y, en un arranque de generosidad que raya en lo milagroso, también a los políticos.

La propuesta suele presentarse como si fuera un acto de caridad cristiana: “déjenlos en paz, hoy es Nochebuena”.

Descansar no es desaparecer

No estoy en contra del descanso. Descansar es un derecho humano, casi tan importante como el aguinaldo y el recalentado. El problema es que, cuando se habla de políticos, el descanso suele confundirse con desaparición, olvido o, peor aún, absolución temporal.

Imaginamos al político colgando su responsabilidad junto al saco, diciendo: “ahí te quedas, país, vuelvo el lunes”. Se sienta a la mesa, parte el pavo y brinda por un año “lleno de retos”, expresión que en su idioma significa “cosas que no resolví”.

El elefante en la mesa

La familia aplaude, el vino ayuda y todos fingen que el elefante —la realidad nacional— no está sentado entre los romeritos.

Mientras tanto, el país no descansa. No se toma vacaciones. No se pone pijama. El país sigue pagando, esperando, soportando y haciendo fila. La corrupción no pide posada, la inseguridad no canta villancicos y la pobreza no se detiene porque alguien prendió luces de colores.

La ilusión del calendario redentor

Pero somos un pueblo noble y nos gusta creer en treguas. Creemos que el calendario tiene poderes morales: que el 24 purifica, que el 31 borra y que el 1º de enero transforma.

Por eso cada año les concedemos a los políticos una noche de inocencia, como si al dar las doce campanadas se les cayeran los pecados debajo de la mesa.

Lo que sí y lo que no

No se trata de prohibirles la cena ni de amargarles el ponche. Que abracen a sus hijos, que canten, que rían. Eso está bien.

Lo que no está bien es pensar que la crítica ciudadana también debe irse de vacaciones, que la memoria colectiva debe dormirse temprano para no incomodar.

El poder no es de medio turno

Porque gobernar no es un empleo de medio turno ni una chamarra que se cuelga cuando hace calor. Es una responsabilidad continua, incluso incómoda, incluso en Nochebuena.

Y si el poder no descansa once meses al año, cuesta trabajo creer que necesite una tregua precisamente hoy.

Reflexión final

Así que sí, descanse usted, señor político. Pero no descanse de pensar, ni de deber, ni de responder.

Mañana habrá recalentado… y también pendientes.

Feliz Nochebuena. El país sigue esperando.

— Columna de sátira cívica
(tradición navideña no oficial)