Las Mentiras y los Políticos
Los políticos mexicanos no solo son expertos en gobernar, sino en la más antigua de las artes: mentir. Y lo hacen con tal destreza que ni siquiera lo notamos. Nos venden sueños, promesas, y hasta nos ofrecen la luna en forma de programas sociales, mientras por debajo de la mesa todo sigue igual. O peor.
Las mentiras más comunes en la política son esas que se repiten una y otra vez hasta que el pueblo, ya cansado, las asume como verdades absolutas. "Vamos a acabar con la corrupción", dicen. "Vamos a traer la paz al país", prometen. Y ahí estamos, esperando, mientras los mismos de siempre siguen robando, pero con una sonrisa más sincera y unas palmaditas en la espalda.
¿Y qué tal los discursos de campaña? Cada vez que escucho a un político hablar sobre el futuro de México, me pregunto si de verdad creen lo que están diciendo o si solo están repitiendo frases que aprendieron de un libro de marketing. "Vamos a transformar a México", dicen, mientras en sus ojos veo el reflejo de su verdadero interés: el poder. La transformación, como siempre, se queda en el discurso.
La mentira, en este sentido, es una herramienta de control. Es una forma de mantenernos tranquilos, de hacernos creer que las cosas van a mejorar, cuando en realidad todo sigue igual. Y lo peor de todo es que muchos de nosotros seguimos creyendo en estas mentiras, como si de verdad fuera posible que algo cambie. Como si los políticos no supieran ya que las promesas vacías son la moneda de cambio más efectiva.
Pero no todo está perdido. La política mexicana ha sido un circo durante años, y los políticos, sus payasos. Y como en todo buen espectáculo, la gente se ríe, se escandaliza, y luego se olvida. Pero nunca debemos dejar de preguntar: ¿qué hay detrás de la sonrisa de cada político? ¿Qué mentiras nos están vendiendo hoy?
(homenaje a su estilo único de crítica política)