La Gran Suspicacia Loteril: ¿Dónde Está el Premio, “Revanchita”?
Queridos lectores, como todos saben, en México, el deporte nacional no es solo el fútbol o la lucha libre. ¡No! El verdadero pasatiempo que une a la nación es la lotería. Nadie le teme más al sorteo que el mexicano que ve sus sueños de riqueza en papelitos con números, esperando que el destino les eche una mano. Sin embargo, hoy me atrevo a lanzar una gran sospecha en el aire, como quien tira un boleto de Melate al viento: ¿será que el sorteo de la Revanchita está siendo un poquito más… “revanchista” de lo que debería ser?
Vamos a ponernos serios (pero no demasiado): desde hace un tiempo, hemos notado un pequeño patrón, ¿un capricho del destino o una gran conspiración cósmica? Cada vez que Melate o Revancha parecen vacíos, con su pobre primer lugar “sin premio”, la Revanchita se lleva los reflectores, repartiendo premios millonarios casi como si fuera un generoso Santa Claus de la fortuna. Si esto fuera solo una casualidad, me preocuparía un poco menos. Pero, ¿y si no lo fuera?
Es curioso, mis estimados, que en los últimos sorteos, Revanchita pareciera tener el secreto de la riqueza instantánea, mientras que en Melate y Revancha, los números ganadores parecen irse de vacaciones. Me pregunto, ¿será que los dioses de la fortuna se cansaron de darle premios a los de Melate y Revancha? O tal vez… ¿será que hay una especie de misterioso algoritmo que juega en favor de Revanchita y en contra de los demás?
Las coincidencias son tantas que me atrevería a decir que Revanchita ya tiene su propio club de millonarios. Pero no pasa nada, es solo el azar, ¿verdad? Después de todo, si el sol brilla más para una zona del país, no es porque la naturaleza haya decidido premiar a algunos, ¡es solo porque esos son los favores que el destino le otorga a la gente afortunada! Claro, que los demás, como los de Melate y Revancha, simplemente tienen mala suerte. Pero eso sí, si revanchitas hay, ¡qué bueno que haya revanchas!
Y, bueno, de los premios ni hablemos. En estos sorteos de Revanchita, el premio de millones se entrega con la misma naturalidad con la que alguien reparte tamales en una fiesta de pueblo. Mientras tanto, los pobres boletos de Melate y Revancha siguen esperando que alguien se digne a tocarles la suerte. Puedo imaginarme a los directores de la lotería sonriendo detrás de las cámaras y diciendo: “¿Por qué no les damos un poquito más de emoción a los pobres de Melate? Total, en Revanchita ya tenemos bastante”.
Pero si hablamos de transparencia —de la otra transparencia, la que no se resuelve solo con transmitir el sorteo— ahí ya se nos va el tema. Una cámara puede mostrar las bolitas saltando; lo que no muestra tan fácilmente es la danza matemática, estadística o simplemente caprichosa que termina favoreciendo más a una categoría que a otra.
Y ojo, que este no es un grito de desesperación. Es solo una sugerencia respetuosa —pero con ceja levantada— para los gurús de la lotería. Sí, ya sabemos que los sorteos se transmiten en vivo, con todo y sus esferitas transparentes que giran como si estuvieran en un jacuzzi de lujo. Pero aun así, uno no puede evitar pensar que la transparencia no solo es cosa de cámaras encendidas, sino también de explicar por qué a veces los premios parecen preferir una ventanilla sobre otra. Porque una cosa es ver el balón dar vueltas y otra entender por qué siempre aterriza donde aterriza.
Así que, si usted ha comprado un boleto de Revanchita con la esperanza de ser el próximo millonario, ¡felicidades! Si no, tal vez la suerte le esté guardando algo más… o quizás el azar se ha ido de vacaciones. Pero no se preocupe, que siempre habrá una revanchita más, ¡de eso no hay duda!
(homenaje a su estilo único de crítica política)