Autogoles fiscales y factureras: la alerta a la Presidenta
Válgame Dios, mis queridos y nunca bien ponderados lectores: he venido a susurrar un secreto que huele a pólvora fiscal. En el escenario de la Hacienda mexicana, las factureras de 2024 y 2025 siguen haciendo travesuras. ¡Sí, travesuras! Casi un billón de pesos, cerca del 10% de los ingresos, se escurre entre comprobantes que existen más en la imaginación que en la realidad.
Escena primera: la Presidenta Claudia Sheinbaum, científica de corazón y vigilante de la ley, recibe un aviso. Un susurro de Palacio dice: “Señora Presidenta, cuidado con los autogoles. El enemigo está dentro, y la pelota fiscal rebota en sus propios arcos”.
Escena segunda: el SAT, esa maquinaria silenciosa y sofisticada, tiene ante sí la posibilidad de hacer magia. Con sistemas que ya parecen de ciencia ficción, podrían reducir a casi cero a estas factureras sin más esfuerzo que presionar un botón. Casi, casi, como hacer desaparecer un espejismo en el desierto.
Escena tercera: los empresarios que aún usan factureras se retuercen de miedo y risa al mismo tiempo, porque saben que, si el SAT decide jugar, sus juegos contables no duran más que un día de sol en la Comarca Lagunera. Algunos incluso revisan los manuales de contabilidad como si fueran hechizos de brujería.
Escena cuarta: los auditores, esos héroes anónimos de la burocracia, se preparan. Mientras el público político duerme en sus despachos, ellos cruzan datos, detectan operaciones fantasmas y hacen un mapa de la evasión fiscal que parecería sacado de un thriller literario mexicano, con giros y traiciones dignos de Rulfo o de Castellanos.
Escena quinta: el mensaje para la Presidenta es claro, pero elegantemente irónico. No hace falta crear tormentas ni movimientos dramáticos. La ley, los sistemas y la inteligencia del SAT bastan para poner orden. Solo hay que mirar, cruzar información y tocar la tecla correcta. Menos gritos, más precisión.
Escena sexta: al final, la moraleja se despliega como telón de teatro: el poder de las factureras es grande solo mientras nadie revisa el escenario. Una vez que se encienden las luces del SAT, la función termina, los actores desaparecen y el público aplaude —o llora— por el show que nunca debió comenzar.
Así que, Presidenta, atención: no hay necesidad de maromas mediáticas ni discursos grandilocuentes. Basta con aplicar la ciencia y la ley. Y mientras eso sucede, nosotros, espectadores de este vodevil fiscal, podemos disfrutar del drama con palomitas, aunque el ticket de entrada, me temo, será una factura que nadie podrá evadir.
(homenaje a su ironía mordaz y crítica cultural)