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Agua, sequías y partidos perdidos

Por Estilo inspirado en Germán Dehesa · 4 de diciembre de 2025

Queridos y nunca bien ponderados lectores,

Hoy, me asomo al ventanal de la cruda realidad, donde el agua se ha convertido en un bien preciado, pero lamentablemente desubicado. México tiene agua, sí, pero está donde no la necesitamos. Monterrey la pide, la Ciudad de México la añora, Guadalajara se queja, León se cruza de brazos, y el Usumacinta se debe estar preguntando: "¿Qué creen, que soy el garrafón gigante de todos ustedes?" ¡Y mientras tanto, los políticos hacen sus anuncios con esa pose de gran estadista! Trasvases, nuevas presas, redes modernizadas... uno no sabe si aplaudir, llorar o simplemente ponerse a rezar para que la lluvia, por fin, nos haga el favor de ser generosa.

La ironía, mis queridos, es deliciosa: tenemos ríos enormes, pero nuestras calles se secan; planes de reforestación por doquier, pero la ciudad arde como horno de pizza; campañas de ahorro de agua, pero las fugas siguen, como si fueran parte de un espectáculo de agua danzante. Y aquí seguimos, pateando el balón de la crisis hídrica, como si fuera un partido de fútbol, pero con un marcador que nadie quiere ver: “Futuro seco, cero a cero”. ¡Así es la cosa!

Hablan de eficiencia urbana, de captación de lluvia, de reúso de aguas residuales... palabras bonitas que suenan a poesía en los comunicados oficiales, como si un par de discursos bien estructurados fueran a resolver el problema. Hablan de trasladar oficinas, de descongestionar ciudades, de crear nuevas urbes... Y uno se pregunta: ¿será esta planeación estratégica, o solo una excusa para que alguien más pague la renta cara antes de que la crisis llegue a la puerta?

Mientras tanto, los bosques desaparecen con la misma rapidez con la que los semiáridos se burlan de los planes de “atraer agua con árboles”. La gestión de cuencas, la gran discusión del momento, se lleva a cabo en reuniones llenas de discursos técnicos y gráficos coloridos que no resuelven nada. La realidad es simple, amigos: si no llueve, no hay agua, y si llueve, se la lleva otro. Producción agrícola eficiente, trasvase virtual, todo suena muy bien… pero para muchos de nosotros, el trasvase más urgente es el de nuestro dinero del bolsillo al supermercado, cuando los precios suben por la falta de agua. ¡Y eso sí que es una sequía, pero en las finanzas!

Así seguimos, ciudadanos preocupados por el futuro, mirando cómo la burocracia y la improvisación se convierten en nuestro deporte nacional. ¿Qué hemos hecho en estos diez, veinte años? Patear el balón. Aún seguimos esperando milagros, confiando en los anuncios, mientras la sequía se burla en la fila, esperando su gol. Y claro, todos sabemos cómo termina este partido: con un marcador humillante.

México, nuestro querido México, es un país de contradicciones: ríos gigantes que no alcanzan a saciar la sed urbana, planes ambiciosos que se quedan en meros discursos y ejecución mínima, promesas públicas que son la gloria, pero acción privada que queda en la sombra. Pero aún estamos a tiempo. Si de verdad queremos cambiar el marcador, solo necesitamos algo de decisión, algo de visión integral y, sobre todo, dejar de tratar la política del agua como si fuera un partido de fútbol. Porque al final, el que pierda será el futuro de nuestros hijos.

— Estilo inspirado en Germán Dehesa
(homenaje a su estilo único de crítica política)